Carlos Monzón, el femicida que tiene un monumento

Por cosecharoja.org

El 14 de febrero de 1988, el boxeador santafesino asesinó a su esposa Alicia Muñiz en Mar del Plata. Su condena y su historia de violencia machista no le impide tener, todavía, defensores en Santa Fe.

Hace 29 años, Carlos Monzón asesinó a su pareja Alicia Muñiz. Ese día, un crimen en Mar del Plata “sacudió a la sociedad argentina” y puso en el centro de la escena nacional a la violencia machista. El boxeador estrella, que nació en la zona más pobre de San Javier y tenía antecedentes de agresiones a sus parejas, se convirtió en femicida y abrió una grieta. Aún hoy “Monzón, el campeón del mundo” y “Monzón, el criminal” aparecen como las dos caras desconectadas de una leyenda.

En la capital provincial, la avenida que bordea la Laguna Setúbal es el paseo tradicional de los domingos. Donde comienza se llama Siete Jefes y hay un monumento al Brigadier Estanislao López, caudillo y ex gobernador santafesino. En el extremo norte, donde se llama Almirante Brown, se encuentra un monumento a Carlos Monzón. Así de fuerte es, a 22 años de su muerte, su presencia en la ciudad.

Otro monumento que tiene Monzón –en la ruta 1, a la altura del paraje Los Cerrillos, donde falleció en un accidente de tránsito– está guardado desde 2015 en el taller de su creador Roberto Favaretto Forner.

El artista se hizo cargo de su restauración después de que sufriera un importante deterioro por la falta de mantenimiento desde que se inauguró en 1996. Pero no tiene los fondos necesarios para volver a llevarlo al lugar en el que el boxeador murió. Y, por ahora, ningún político está dispuesto a pagar el costo de financiar la reinstalación de la escultura.

“En todos estos años, en la Legislatura, hubo distintos intentos de mejorar el monumento que tiene en el lugar del accidente o para reconocer su figura. Pero siempre, a pesar de ser minoría, las mujeres nos opusimos y logramos que esos proyectos no se aprobaran. Después, también, se sumaron algunos varones”, remarcó Alicia Gutiérrez, diputada provincial (FPCyS).

En el Concejo Municipal también hubo propuestas similares y la resistencia de las mujeres desde las bancas no fue gratuita. “Me dijeron de todo cuando me opuse a un proyecto para proteger el monumento (en la costanera). La pasé mal”, recordó Marta Fassino, ex concejala y periodista.

Los mismos debates que se dieron en los recintos, han atravesado a lo largo de los años las mesas de los santafesinos. “Monzón era y sigue siendo el típico estereotipo de macho. El que se llevaba arrogantemente el mundo por delante, el que al igual que muchos varones machistas, creyó que las mujeres son una cosa que les pertenece y se creyó dueño de sus vidas, el que no soportó que una mujer los rechace o le cuestione alguna actitud. Todo lo resolvía con sopapos”, analizó Silvina Sierra, una de las militantes feministas que más ha impulsado el recuerdo de Alicia Muñiz en las actividades locales contra la violencia machista.


Lo personal se volvió político

En la madrugada del 14 de febrero de 1988, Carlos Monzón, Alicia Muñiz y Maximiliano, el hijo de ambos, estaban en una casa en Mar del Plata. Pasadas las 6, mientras el nene de seis años dormía, el boxeador estranguló a su esposa y, cuando estaba inconsciente, la tiró por el balcón del primer piso a la calle. El impacto le destrozó el cráneo.

El caso volvió pública la violencia de género y, aún cuando no se la identificaba de esa manera, abrió el camino para que muchas mujeres puedan contar lo que sufrían.

“El caso de Muñiz sentó un precedente en el tema violencia de género del que hasta ese momento se hablaba muy poco. Hoy, a 29 años de ese feminicidio, hay leyes, hay secretarías, áreas, direcciones que se ocupan del tema. El problema se mediatizó y llegó a los hogares y a las plazas”, señaló Sierra.

No era la primera vez que Monzón había sido protagonista de un caso de violencia contra sus parejas. Alicia misma lo había denunciado y había dicho que ésa había sido la razón de su última separación. “Con Monzón no se puede vivir”, dijo en una entrevista el 18 de febrero de 1987.

Y las ex parejas del boxeador también hablaron de su agresividad. Susana Giménez, por ejemplo, que contó hace años que puso fin a la relación porque sino “iba a terminar como Alicia” y que “se puso bravo” en algunas oportunidades.


Condenado

El campeón del mundo enfrentó un juicio en que el que no quedó margen de duda sobre lo ocurrido. “Carlos Monzón, procesado en autos, resulta ser el autor del hecho reseñado y probado en la primera cuestión; tanto en lo que hace a la presión digital sobre el cuello de A. Muñiz hasta producirle un estado de inconsciencia, como a la proyección intencional de la misma al vacío desde el balcón terraza ubicado en el primer piso de la vivienda[…], actividad dirigida ostensiblemente, de manera directa y efectiva por su modalidad y desarrollo, a lograr la muerte de la misma”, dice el fallo.

El tribunal lo condenó a 11 años de prisión y cumplió su pena hasta el 8 de enero de 1995. Faltaban siete meses para que completara su sentencia, porque le habían reducido la pena por buena conducta, pero ya gozaba de salidas transitorias. Ese día, Monzón volvía a la cárcel de Las Flores –a donde había sido trasladado para “estar cerca de su familia”– después de pasar un fin de semana descansando en San Javier. En un momento, perdió el control del Renault 19 que manejaba y tumbó. Falleció en el acto, al igual que su amigo Jerónimo Mottura.

El velorio se realizó el hall de la Municipalidad de Santa Fe. El entonces gobernador Carlos Reutemann se acercó a despedir a Monzón y contó que firmó un decreto declarando el duelo en la provincia. Además llamó a recordarlo como “un deportista que nos hizo vivir a todos los santafesinos momentos inolvidables”. El ex mandatario también reconoció que había hablado con el condenado un par de meses antes para saber cómo “lo atendían” en el penal.

“La sociedad santafesina lo aplaudió mucho. Es como un fracaso pasarlo de campeón a asesino” – dijo Marta Fassino, ex concejala y periodista. “Yo ayudé a cubrir el sepelio en el canal. Eran cuadras y cuadras de autos, los que acompañaron el féretro”, recordó Fassino. Miles de personas se acercaron al palacio municipal y acompañaron el féretro hasta el Cementerio.

Monzón había sido el héroe santafesino indiscutido. Su origen pobre lo hacía aún más interesante y lo llevó a convertirse, también, en una estrella de la farándula. Por eso, el femicidio de Alicia se convirtió sólo en lo que los diarios de la época titularon “una tragedia” más en su vida.

“La sociedad santafesina lo aplaudió mucho. Es como un fracaso pasarlo de campeón a asesino. Es más fácil culpar a la mujer, desprestigiarla, injuriarla”, evaluó Fassino.

Y siguió: “Algunos creen, por machismo, que como estaba pagando su crimen con cárcel, el crimen desaparece”. Pero también recordó que muchos periodistas y medios hicieron negocios con “Monzón Campeón” y que había quienes lo querían realmente.

“Monzón era y sigue siendo el típico estereotipo de macho. El que se llevaba arrogantemente el mundo por delante” – Silvina Sierra, militante feminista

Para Gutiérrez, en tanto, gran parte de la defensa que todavía se sostiene del femicida se basa en el carisma que el boxeador tenía pero, también, en que representa un estereotipo al que muchos varones aspiran.

“Ese sentimiento de defensa de Carlos Monzón está muy arraigado en la ciudad de Santa Fe y en el norte de la provincia. Quizás es porque alcanzó un lugar al que muchos hubiesen deseado llegar respecto a sus éxitos deportivos pero también a la posibilidad de «tener» mujeres muy bellas y famosas”, analizó.

A 29 años del crimen de Alicia Muñiz, muy poco se habló del caso en los medios santafesinos. Hace poco más de un mes, cuando se cumplió el aniversario del accidente de Monzón casi todos recordaron al “campeón” sin ninguna mención a su condena.

“Monzón el gran campeón para parte de la ciudadanía de Santa Fe y del país, es el mismo que el 14 de febrero de 1988, con todo el odio machista asesinó a su pareja, madre de su último hijo, le pese a quien le pese”, insistió Sierra.

* Esta nota fue escrita en el marco de la Beca Cosecha Roja. También salió publicada en Diario Uno de Santa Fe.

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